Jóvenes del barrio vs Jóvenes universitarios. Consumos mediados por la experiencia.

Por Karolina Alonsoimages

Salir con los amigos del barrio siempre fue bueno, divertido; sobre todo porque coincidíamos en que nuestro fuerte era bailar y con este ejercicio-entretenimiento nos desprendíamos del estrés y las preocupaciones adquiridas en la semana.

Éramos asiduos a las discotecas y  plazas dónde se pone música en la ciudad. Cada fin de semana hacíamos lo mismo, y por supuesto, la música en supremacía era el reggaetón. 

No se puede negar que las melodías de este género musical son pegajosas e incitan a moverse; pero a mí me molestaba el menosprecio a otros géneros bailables como el merengue, el casino, la quizomba. Sin embargo; mis acompañantes lo disfrutaban tanto, no solo lo bailaban; se aprendían las canciones y las tarareaban de una manera que parecían vivir  cada letra.

Aunque bueno, ahora que lo pienso…en realidad muchas de estas canciones reflejan parte de la vida de un grupo de la sociedad cubana. Cerro Cerrado de Insurrecto lo relata muy bien. Y es que el reggaetón no solo habla de sexo, hay letras que caracterizan la experiencia de vida de mucha gente residente en barrios marginales de nuestro país. Por supuesto; cada artista con su estilo y vocabulario.

Cuando comencé los estudios universitarios mis gustos musicales fueron transformándose y aparecieron inevitablemente las nuevas compañías. Conocí de Silvio y Pablo más que sus nombres y me atraparon sobremanera Buena Fé, Adrián Berazaín, Polito Ibañez, Diana Fuentes. Otros como los Van Van, Pupi y los que Son Son… ya llamaban mi atención y en la medida en que fueron apareciendo Decemer Bueno, Habana de Primera, Grethel Barreiro o Deja vu comenzaron a ser de mi preferencia.

Pero a la hora de compartir en grupos nacían las contradicciones, los del barrio no soportaban los gustos de los universitarios y viceversa; aunque para ser justa tengo que decir que los universitarios eran un poco más tolerantes. Yo fácilmente me adaptaba a cualquiera de los dos “ambientes”. Tuve que dividirme; actualmente cuando salgo con unos no salgo con los otros.

De vez en cuando me pregunto cómo puedo formar parte de dos grupos de amigos diferentes y me doy cuenta de algo: los consumos culturales tienen que ver mucho con las experiencias de vida:

Los del barrio son jóvenes que crecieron en una comunidad donde el 75% de la gente no tiene nivel superior ni medio superior, escuchan muy poca radio por eso consumen muy poco lo nacional, sus maneras de expresarse responde al nivel de escolaridad y han vivido las mismas dificultades que impone residir en un barrio marginal en Cuba en cuanto a condiciones de vida; y me refiero aquí a la escasez de agua, a las viviendas en mal estado, al roce con el delito etc.

Los universitarios, en su mayoría, han recibido una buena educación, vienen de padres que, independientemente del nivel de escolaridad, han sabido ser guías, han rozado con personas (profesores, amigos, vecinos) que los han influenciado para seguir esos caminos. En la universidad descubren nuevos saberes, reciben una educación basada, entre otros cosas, en la cultura del debate, o sea, salen del sí porque lo dice el profe o el libro, y establecen su propio criterio, su propia verdad; desarrollan un sentido de la crítica basado en el análisis de las cosas. La universidad le brinda espacios de consumo culturales que giran alrededor del cine, la literatura, el ballet y las demás artes y sobre todo, los dejan libres para escoger; pero establecen también la “línea a seguir” por decirlo de alguna manera, respondiendo en gran medida a la cultura política del país.

Yo he vivido las dos experiencias de vida y me relaciono constantemente con los dos “mundos”, tengo amigos en ambos grupos y mis amores también han sido de uno y de otro. Es como leyera hace poco en http://www.soycuba.cu/noticia/consumo-cultural-entre-el-gris-de-lo-alternativo#sthash.ti0Kv0Tv.dpuf por István Ojeda Bello: En cuanto a las preferencias musicales como parte de la cultura juvenil, se considera que la música es al mismo tiempo condición y efecto de una experiencia cultural, en la que los jóvenes han encontrado una forma de dar sentido tanto al mundo como a su relación con los otros, funciona como una forma de identidad.

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