Una universitaria cubana

Por Karolina Alonso

Tomada de Internet

Nos vimos por primera vez aquel día de septiembre y fue raro el encuentro. Al menos para mí fue diferente a todos los demás inicios.
Diversidad de estilos al vestir, de talentos, de aspiraciones luego de graduados; pero todos con un objetivo común: ser periodistas.
Recuerdo aquellos días, a veces río, a veces lloro; la nostalgia se muestra a flor de piel cansada ya de permanecer en las sombras.


Todo lo celebrábamos, el nacimiento de Martí, los cumpleaños nuestros, el día de la lucha contra el SIDA, el aniversario de la UJC; en fin, siempre había motivos. Los tipos de celebración variaban, hacíamos intercambios de regalos, de dulces, de frases; nos vestíamos todos de un único color, subíamos al Pico Turquino, debatíamos en parques, en playas.
Las marchas de los 10 de octubre en celebración al aniversario de la Universidad de Oriente eran lo mejor, estas tenían un antes, un durante y un después, matizados con la famosa caldosa criolla, la playa, en fin, lo que se nos ocurriera, pero no dormíamos.
La docencia se convertía en mares turbulentos provocados por la catarsis que nacía de aquellos que nunca se callaban, un aula de jóvenes arreglando el mundo, cuestionando, polemizando. Y allí, en aquellos debates, descubrimos a los más analíticos, los más críticos, los filósofos, y los que preferían el lápiz y el papel para arremeter con todo entre líneas cargadas de maneras de hacer que ya traían en la sangre incluso antes de pensar en estudiar la carrera.
Y en la residencia, ni hablar, aquellos debates de los seminarios entre el café para no dormirnos, las peñas trovadorescas, la guitarra de Deyer y su voz cantando Cuentan que cuando un silencio/ se aparecía entre dos/ era que pasaba un ángel/ que les robaba la voz/…, eran de los mejores momentos.
Aquella profe que me hizo enamorarme del ensayo periodístico se convirtió en mi más grato recuerdo. Y los debates que generaban las de Taller de estilística y narrativa, Televisión, Periodismo digital, aportaron conocimientos que, sin dudas, forman parte de cada uno de nosotros.
Me queda la nostalgia de aquellos años, el recuerdo de los mejores compañeros, los mejores amigos, la añoranza de aquella edad y la alegría de haber nacido en esta tierra que me dio la oportunidad de estudiar y vivir aquella experiencia sin tener que pagar para lograrlo.
Revolución cubana, gracias.

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