La pregunta que no hizo Amaury Pérez o La excesiva discreción de Carlos Díaz

Tomado de Cubainformación

Paquito el de Cuba.- ¿Por qué Amaury Pérez puede preguntarle a la actriz Laura de la Uz si tiene pareja y no al director de teatro Carlos Díaz? ¿Por qué a las figuras públicas homosexuales en Cuba nadie les pregunta por su vida privada y a las heterosexuales sí?, esas fueron las dos interrogantes que publiqué en Facebook inmediatamente después de que concluyera el programa televisivo Con 2 que se quieran (2), que cada martes transmite el canal Cubavisión en su horario estelar. La polémica no se hizo esperar.

Más de 120 personas que hasta el momento marcaron la opción de Me gusta, y alrededor de 40 comentarios con otras tantas interacciones de agrado, expresan lo controvertido del asunto. Sintetizo aquí algunas de las principales posiciones, sin citar los nombres de las personas que intervinieron, y los razonamientos con que creí más oportuno responderles.

Pero antes debo expresar que llamar la atención sobre Amaury Pérez como conductor del programa y su más reciente entrevistado, el director de la compañía El Público y Premio Nacional de Teatro, Carlos Díaz —cuyo trabajo y talento admiro desde muy joven—, resulta solo un elemento circunstancial, fortuito, apenas un ejemplo para continuar este debate que está en el centro de las preocupaciones de muchas personas que hacemos activismo en favor de los derechos de la comunidad LGBTI.

El principal reparo que enseguida apareció entre quienes comentaron mi frase fue el socorrido argumento de que a ninguna persona le deben preguntar por su sexualidad, que la orientación sexual de cada quien es un asunto privado, íntimo e incluso que si alguien es homosexual o no eso no es tan importante, porque eso es muy normal…

Estoy en profundo desacuerdo con esos pretextos que en mi criterio pretenden restar importancia a la homofobia y la discriminación que producen esa invisibilidad de lesbianas, gais, bisexuales y trans en la vida pública.

Porque a las personas heterosexuales sí les preguntan constantemente en nuestros medios de comunicación por su sexualidad, con referencias directas a sus parejas, sus hijas e hijos, sus matrimonios, y hasta sus divorcios… Es una hipocresía mayúscula decir que está mal inquirir sobre tales vínculos, solo cuando hacemos notar que no ocurre igual con alguien que es homosexual.

Creo que la responsabilidad de cualquier entrevistador es preguntar bajo los mismos términos a heterosexuales y homosexuales, y la de las personas entrevistadas responder según sus convicciones. Si esquivan hablar sobre a quién aman, ello evidencia que el problema también es de los personajes públicos homosexuales con prejuicios, miedos o conveniencias que les impide asumir su orientación sexual como algo natural.

Por supuesto que es el derecho de cada figura pública hablar o no sobre sus relaciones de pareja, su familia, su intimidad. ¡Pero sería tan importante que quienes puedan hacerlo, lo hagan! ¡Sería tan bueno para tanta gente —joven o no— que necesita referentes para no sentirse como bichos raros excluidos de la posibilidad de amar y constituir una familia abiertamente como las personas heterosexuales!

¿Cómo vamos a aspirar a tener políticas y políticos LGBTI si ni siquiera los gais y las lesbianas de la farándula artística se atreven a reconocerse ante su público también como personas que aman y forman una familia?, le expresé a uno de mis amigos en Facebook.

Además, como periodista que soy, nunca sugeriría que le preguntaran a ninguna personalidad pública por su orientación sexual, sino por su pareja, como mismo solemos hacer con las personas heterosexuales y casadas para resaltar sus valores humanos. Porque en definitiva, nuestra familia no es vida privada, no lo es para las personas heterosexuales que son figuras públicas, tampoco debería serlo entonces para las homosexuales.

Otro comentarista explicó que cuando lo entrevistan, habla con fluidez de su esposa, sin que ni siquiera le pregunten. Le brota del corazón más que del cerebro. Y cuestionó por qué ningún personaje público homosexual de los miles que tenemos habla en televisión de su esposo o de su novio o de su pareja homosexual.

“Nunca dan pie a ello, no les sale de pronto del cerebro o del corazón —escribió en mi muro—. Todavía muchos hablan de mi ′sobrino′ o mi ′sobrina′, para burla y mofa de todo el mundo… si es que hablan. Y a veces son artistas con una obra irreverente, o dicen que irreverente. ¡Dime tú!”

Pero esa represión mental tiene una causa, la homofobia, le respondí. Y estuvo de acuerdo conmigo.

Ser una figura pública, sin embargo, incluye también hablar naturalmente sobre la familia y la pareja; eso no es un secreto, por lo menos no lo es para las personas heterosexuales.

Y no solo es una cuestión de diversidad de criterios, como le expresé a alguien más que insistió en que no deberían preguntarle a nadie por su vida privada. Son hechos palpables. Lo real es que a las personas heterosexuales les preguntan y hablan sobre ello, y las homosexuales no son visibilizadas socialmente.

Una amiga apuntó con razón que también depende de la persona entrevistada aceptar esas preguntas. El trabajo es una cosa y la vida privada de cada cual es otra bien distinta, dijo.

Exacto, le respondí. Pero la triste realidad es que las personas heterosexuales no solo aceptan esas preguntas, sino que hablan sin ninguna dificultad sobre sus parejas y familias, y eso no sucede con las personalidades homosexuales.

A mí nunca me preguntan si soy heterosexual, afirmó otra mujer. La homosexualidad no es un tema ¿Por qué hay que decir o preguntar por nuestra orientación sexual?

Tienes toda la razón. No te preguntan, porque lo dan por supuesto. Y esperan que hables de tu esposo como algo normal. Pero si fueras lesbiana, estarías en graves problemas para hablar de tu esposa, le expresé.

Defensores de Amaury Pérez adujeron con razón que en otras ocasiones él trató de obtener testimonios de ese cariz en anteriores entrevistas de Con 2 que se quieran sin conseguirlo. Citaron específicamente a Mirian Ramos, Liuba María Hevia y Antón Arrufat. En este último caso, yo también vi aquel programa y me dolieron las piruetas verbales del Premio Nacional de Literatura para eludir el tema, quien perdió la oportunidad de contribuir desde su autoridad a enfrentar una discriminación por la cual alguna vez incluso sufrió represalias.

Las personas homosexuales, insisto, también podemos tener prejuicios homofóbicos.

Otra idea conformista que surgió en el intercambio y que ya no podemos aceptar desde nuestra posición de activistas, después de todo lo que en Cuba se ha hecho en función de crear conciencia sobre el derecho a la libre orientación sexual e identidad de género, es la excusa de que hace falta más tiempo, que la población no está preparada, y otras similares.

Lo que hace falta —considero— es voluntad y conciencia de cuánto sufrimiento ayudaríamos a disminuir si quienes pueden hacerlo, muestran que la homosexualidad es tan válida como la heterosexualidad.

No se trata de complacerme a mí, como sugirió también alguien, se trata de gente que sufre por esas ausencias y vacíos.

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